Teniendo en cuenta estas premisas se explica el éxito que obtuvo (de crítica por lo menos, no existen datos estadísticos sobre la venta de sus libros).
A medida que iba madurando como escritor abandonaba este "criollismo" expresivo por un lenguaje más elaborado (uso de latinismos, rebuscamiento, intrepidez formal en la derivación de vocablos, a veces, obtiene buenos resultados, otras su estilo resulta afectado). En tanto dominaba el oficio se nota un abandono de sus prístinas posiciones teóricas. El escritor al estar más seguro de sí mismo, controla mejor las técnicas narrativas, sobre todo en sus cuentos, donde la temática adquiere cierto tono trivial. En su obra se desborda un grado bastante acusado de erotismo al igual que otros en su época (Miguel de Carrión,etc). La visión costumbrista no lo abandonaría nunca.
En la primera novela mencionada queda abierta la posibilidad (además es una especie de raison d'etre del protagonista) de luchar contra la mediocridad ambiental y la corrupción política a base de honestidad a ultranza (¿krausismo?, ¿ positivismo a lo Cuba Contemporánea?) y un programa de reformas sociales. Solamente que tal lucha es estrictamente individual, el superhombre contra la adversidad y las lacras sociales (influencias de Nietzsche, Rodó, Renán, etc). Comparto la opinión de que aquella fue una "generación de francotiradores" expuesta por el profesor José Antonio Portuondo. En Generales y doctores el personaje central no es un héroe negativo ya que propone luchar por una mejor oportunidad.
En la otra novela (la postrera, por desgracia) la solución que se plantea al conflicto es también de orden individual. Pero ahora no es de lucha quijotesca contra el medio hostil, sino de intencionada aceptación de éste como fatalidad impuesta (determinismo positivista) y de propugnación del ascenso en la escala social a cualquier precio. El personaje central de Juan Criollo es un héroe negativo, en tanto es un frustrado. Loveira no creía en soluciones colectivas a los problemas sociales de la época. De ahí la raíz de su posición ideológica.
Así murió en 1928, incomprendido por "revolucionarios" y "burgueses" a la vez, por lo que buscó refugio en la literatura como única vía para aletargarse de la miseria, las penalidades y el desdén. La crítica de sus coetáneos le fue favorable en parte, se quejaba de muchas incomprensiones. Gracias a sus novelas hoy pervive entre nosotros. Nos dejó una visión inapreciable y lírica de las primeras décadas del siglo XX. Muchos fueron incapaces de hacerlo. Por eso, lo recordamos hoy, con sus defectos y sus méritos. Lo admiramos por esas nobles y destellantes ráfagas de genuino arte que nos legó, en las cuales derramó todo el escepticismo, la amargura y el dolor de su vida infeliz. Gracias a ello somos hoy un poco más humanos, menos bestias.