Carlos Loveira: el criollo ciego.

LESLIE BRYON

[Tesis para la Licenciatura en Lengua y Literaturas Hispanicas de la Escuela de Letras y Arte, Facultad de Humanidades, Universidad de La Habana, 1976]



CONCLUSIONES



Carlos Loveira (1882-1928) comenzó como un novelista que empleaba un lenguaje popular (no culto) y enfocaba algunos problemas candentes de su época:
  1. el divorcio;
  2. la corrupción administrativa;
  3. los conflictos sociales;
  4. las relaciones entre los sexos.

Teniendo en cuenta estas premisas se explica el éxito que obtuvo (de crítica por lo menos, no existen datos estadísticos sobre la venta de sus libros).

A medida que iba madurando como escritor abandonaba este "criollismo" expresivo por un lenguaje más elaborado (uso de latinismos, rebuscamiento, intrepidez formal en la derivación de vocablos, a veces, obtiene buenos resultados, otras su estilo resulta afectado). En tanto dominaba el oficio se nota un abandono de sus prístinas posiciones teóricas. El escritor al estar más seguro de sí mismo, controla mejor las técnicas narrativas, sobre todo en sus cuentos, donde la temática adquiere cierto tono trivial. En su obra se desborda un grado bastante acusado de erotismo al igual que otros en su época (Miguel de Carrión,etc). La visión costumbrista no lo abandonaría nunca.


Existen similitudes extraordinarias entre las novelas Generales y doctores y Juan Criollo. Ambas novelas tienen estructuras narrativas semejantes sobre conflictos parecidos. Las dos obras presentan una enorme cantidad de puntos de tangencia (visibles a cualquier observador sagaz). Lo novedoso estriba en que se trata de un conflicto similar, pero con soluciones y enfoques diversos, reflejo a su vez de la "evolución" que ha sufrido el pensamiento del autor.

En la primera novela mencionada queda abierta la posibilidad (además es una especie de raison d'etre del protagonista) de luchar contra la mediocridad ambiental y la corrupción política a base de honestidad a ultranza (¿krausismo?, ¿ positivismo a lo Cuba Contemporánea?) y un programa de reformas sociales. Solamente que tal lucha es estrictamente individual, el superhombre contra la adversidad y las lacras sociales (influencias de Nietzsche, Rodó, Renán, etc). Comparto la opinión de que aquella fue una "generación de francotiradores" expuesta por el profesor José Antonio Portuondo. En Generales y doctores el personaje central no es un héroe negativo ya que propone luchar por una mejor oportunidad.

En la otra novela (la postrera, por desgracia) la solución que se plantea al conflicto es también de orden individual. Pero ahora no es de lucha quijotesca contra el medio hostil, sino de intencionada aceptación de éste como fatalidad impuesta (determinismo positivista) y de propugnación del ascenso en la escala social a cualquier precio. El personaje central de Juan Criollo es un héroe negativo, en tanto es un frustrado. Loveira no creía en soluciones colectivas a los problemas sociales de la época. De ahí la raíz de su posición ideológica.


Entre ambas novelas y ambas posiciones ideológicas existe un punto de cambio o giro. Ese punto es otra novela Los ciegos, su obra más interesante para entender las posiciones de Loveira. Estructural y formalmente es una mala novela, en tanto la tesis domina siempre en detrimento de lo literario. El autor rechazaba las soluciones a lo "bolchevique" y abogaba por reformas dentro del sistema a la par que denunciaba la ceguedad de las clases dominantes y los grupos extremistas (denominación que comprendía tanto a anarcosindicalistas como a comunistas). No le bastaba con llamar a una especie de concordia entre las clases, en espera de años mejores, sino tambén blandía lanzas contra el enemigo irreconciliable de las reformas: los representantes de la "acción directa" y "el reparto a la rusa".


Carlos Loveira era un escritor que propugnaba posiciones reformistas. Como novelista fue una promesa que, ya lo han dicho otros, presentaba atisbos de buena literatura en parte de su obra. Aunque es notable un mayor dominio técnico hacia el final de su vida. Creía en una especie de socialismo utópico y en el cercano final de la sociedad capitalista ("inevitable final" llegó a admitir), pero no en el socialismo marxista-leninista. Sus influencias ideológicas hay que buscarlas en la filosofía positivista de finales del siglo XIX.

Así murió en 1928, incomprendido por "revolucionarios" y "burgueses" a la vez, por lo que buscó refugio en la literatura como única vía para aletargarse de la miseria, las penalidades y el desdén. La crítica de sus coetáneos le fue favorable en parte, se quejaba de muchas incomprensiones. Gracias a sus novelas hoy pervive entre nosotros. Nos dejó una visión inapreciable y lírica de las primeras décadas del siglo XX. Muchos fueron incapaces de hacerlo. Por eso, lo recordamos hoy, con sus defectos y sus méritos. Lo admiramos por esas nobles y destellantes ráfagas de genuino arte que nos legó, en las cuales derramó todo el escepticismo, la amargura y el dolor de su vida infeliz. Gracias a ello somos hoy un poco más humanos, menos bestias.



Los textos de las novelas de Carlos Loveira mencionadas corresponden a las siguientes ediciones:
La cita de Jose A Portuondo se encuentra en : "El contenido politico y social de las obras de Jose A. Ramos". Separata de la Revista de la Biblioteca Nacional. La Habana, 1969.

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